Opinión

Líderes, jefes y dueños

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DIARIO VIRAL

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En política, las características de poder, varían significativamente. Depende de cómo se ejerce la autoridad. Los roles parecen similares, sin embargo, los orígenes de legitimidad y las relaciones con la militancia, difieren ostensiblemente. Hay diferencias muy notorias, entre líderes, jefes y, dueños de partidos políticos. El líder, genera autoridad, para motivar e inspirar; no requiere de un cargo formal, porque su poder persuasivo proviene de su legitimidad moral y la capacidad de articular: doctrina, ideología, misión, visión y objetivos, con sus militantes; el liderazgo funciona por la estructura organizacional del partido. 

El líder maneja la comunicación horizontal y, ello, le otorga: carisma, coherencia, confianza entre la militancia; además su prédica va en armonía con la práctica. El líder forma nuevos cuadros y su preocupación principal, es dejar un legado trascendente; los líderes políticos, son propositivos. En nuestro país hemos tenido pocos líderes - políticos: Víctor Raúl Haya de la Torre, Fernando Belaúnde Terry, Luis Bedoya Reyes, solo como una muestra, entre los más representativos de la política peruana,  quienes fueron oradores e intelectuales de primer nivel.  
Lamentablemente ese liderazgo va envejeciendo y es asaltado por un pragmatismo mediático. Por esta causa, aparecen los jefes de partidos, que se encargan de reclutar a personas con ciertas habilidades, para la obtención de sus objetivos. El jefe, basa su autoridad por jerarquía; es un administrador del poder, aplica castigos y premios para mantener el orden. Su relación con la militancia, es vertical, su palabra es ley.

El dueño de un partido político, ejerce su autoridad por propiedad; ve al partido como una empresa personal o un activo patrimonial; los militantes son empleados, subalternos, obsecuentes y genuflexos. La sucesión es hereditaria y se convierte en una plutocracia familiar, con actitudes monárquicas, fascistas y esclavizantes; ahí, se multiplican los sátrapas y pusilánimes, quienes, a cambio de mantener sus cargos – condicionados a una lealtad inverosímil - encubren actos de corrupción. Los militantes y/o directivos dejan de ser libres de pensamiento crítico y obedecen órdenes “sin dudas ni murmuraciones”; o sea, un fanatismo irracional.

En este caso, los  directivos -elegidos a dedo- defienden a sus amos o patrones, sin ningún escrúpulo; se vuelven camaleones; si otrora fueron rojos, hoy son de otro color, como el caso de Rospigliosi y, en el Ejecutivo, se fabrican títeres como Boluarte y Jerí. Con estas reflexiones, la ciudadanía, identificará mejor a sus candidatos. Ya hemos visto lo suficiente, con relación al comportamiento de la casta política. Hay dos caminos: 1. Se continúa, por ejemplo, con esta dictadura y tiranía congresal, que exhibe un servilismo escandaloso, cuya pretensión compulsiva es llegar al senado, para absorber todas las entidades del Estado. 2. La población electoral busca otra alternativa y proclama, desde las ánforas, la libertad, para vivir fortalecidos por una democracia sólida.

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