Opinión

La vocación cristiana

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DIARIO VIRAL

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Comenzamos la cuarta semana del Tiempo Pascual con el “Domingo del Buen Pastor”, llamado así porque en la Misa se lee una parte del capítulo 10 del evangelio según san Juan, en el que Jesús se presenta como el Buen Pastor que da la vida por las ovejas y nos manifiesta así el amor de Dios. Este domingo, además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instaurada en el año 1964 por san Pablo VI. En ella recordamos que cada vocación, como nos dice el Papa León XIV en su mensaje para esta Jornada, es un «don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón». Es una llamada de Dios a seguir a Jesús a través de un estado de vida concreto, que él nos va revelando paulatinamente a través del tiempo, y que en todos los casos consiste en «participar de su vida, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza». La vocación, entonces, es un camino de vida que nos transfigura porque a través de ella se establece una relación interior con Jesús que nos hace partícipes de su vida divina.

«Dicha relación –sigue diciendo el Papa– se construye en la oración y en el silencio y, si se cultiva, nos abre a la posibilidad de acoger y vivir el don de la vocación, que nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherirse, sino un proyecto de amor y felicidad». De ahí la importancia de cuidar nuestra interioridad como espacio de relación con Jesús, porque toda vocación surge de la conciencia y la experiencia del amor de Dios, que nos conoce profundamente y tiene un diseño de santidad y plenitud para cada uno. Ahora bien, nos advierte León XIV, esa relación «no se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino de un encuentro personal que transforma la vida».

Encuentro que requiere dedicar tiempo para escuchar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos, especialmente el sacramento de la Reconciliación y la Penitencia y la Santa Misa o Eucaristía, así como también tiempo para participar en la vida de la parroquia o movimiento de pertenencia y para detenerse y reconocer a Jesús presente en los pobres y necesitados.

Pero no se trata sólo de escuchar, celebrar o ver de un modo pasivo. En palabras del mismo Papa León en su citado mensaje, la vocación es el fruto de un diálogo íntimo con Jesús, «que nos llama –a pesar del ruido en ocasiones ensordecedor del mundo– y nos invita a responder con verdadera alegría y generosidad». Respuesta que implica confiar continuamente en Dios y en su Providencia, aun cuando sus planes cambien los nuestros, porque como dijo el mismo Dios al pueblo de Israel: «mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos» (Is 55,8); y eso mismo nos puede pasar a nosotros: hacernos planes a nuestra medida, mientras que Dios tiene otros, a su medida, que son mucho mejores para nosotros. De ahí que el Papa concluya diciéndonos que para dejar de lado nuestro proyecto de vida y acoger el plan de Dios para nuestra vida, «es necesario cultivar una confianza firme y estable en las promesas de Dios, superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal».

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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