El conteo oficial de la ONPE de la segunda vuelta continúa avanzando, Keiko Fujimori mantiene una ventaja en los resultados parciales, aún no llega al 100 %. Sin embargo, hay una diferencia estrecha con Roberto Sánchez, todavía faltan votos por contabilizar y actas por resolver. En este escenario, la prudencia no es una opción; es una obligación democrática.
Parte de la incertidumbre se explica por un concepto que muchos escuchan estos días: el margen de error. Los conteos rápidos de Ipsos y Datum mostraron diferencias mínimas entre ambos candidatos, dentro de márgenes de error de entre 1 % y 1.6 %. Dicho de manera sencilla, si una encuesta otorga 50 % a un candidato con un margen de error de 1 %, el resultado real podría ubicarse entre 49 % y 51 %. Por eso los especialistas hablaron de empate técnico. No significa que los estudios fallaron, sino que la distancia era demasiado pequeña para declarar un ganador con certeza.
Lo preocupante es que, en medio de la espera, algunos sectores convierten la incertidumbre en sospecha. Ya ocurrió en elecciones anteriores y vuelve a repetirse ahora: se cuestionan determinados votos, se desacreditan regiones enteras o se siembran dudas sobre el proceso antes de que concluya.
La democracia se debilita cuando la impaciencia reemplaza a la confianza en las instituciones. En realidad, contar cada acta, revisar cada observación no es una señal de debilidad del sistema, sino una garantía de que cada ciudadano será escuchado.
La legitimidad de un presidente sigue dependiendo de un conteo riguroso y transparente. La mejor noticia no será quién gane por unas décimas más o menos, sino que los peruanos acepten el resultado y comprendan que la democracia también exige paciencia.
Muchos no quieren que Fujimori sea presidenta, lo mismo contra Sánchez, pero ese rechazo, sea cual sea el resultado final, no puede polarizar más al Perú. Para bien o mal deben respetar hasta el último voto contado. Recuerden que los candidatos del balotaje o segunda vuelta fueron elegidos por ustedes y ahora les toca aceptar sus propias voluntades.