MADRE, SOBERANA DEL ALTIPLANO
A Carmen Machaca Condori, madre abnegada del Perú.
Escribe: Fernando Chuquipiunta Machaca
Es más noble su corazón de azúcar;
no es solo el racimo el que endulza sus labios,
es su voz la que destila miel
sobre la vida cansada.
Bajo la mirada de Dios
dibujo su ternura:
mujer de temple antiguo,
madre que sostiene el mundo
sin decirlo.
Cada segundo domingo de mayo
su memoria danza sobre las balsas;
y en el vaivén del agua
rinde canto silencioso
a la Mamá Qota.
Su nombre es infinitamente sublime,
resuena como el viento en los apus;
desde esas cumbres nacen los cantos
de la Pachamama,
madre primera de toda existencia.
En sus manos florece el pan,
en sus pasos germina la tierra,
y en sus ojos descansa
la historia de los hijos del altiplano.
Hoy levanto la voz,
no como un saludo pasajero,
sino como quien honra la raíz:
madre, soberana del altiplano,
que tu nombre permanezca
como el agua,
como la tierra,
como la vida.
Desde la cima de los apus nacen los cantos
de la sagrada Pachamama, nuestra tierra.
Por eso alzo mi voz,
como quien vuelve a la raíz,
para nombrarte:
madre de mis huesos.
CÁNTICO CELESTIAL
Escribe: Fernando Chuquipiunta Machaca
Al abrir la ventana
y recibir la mañana
sé que escuchas
esta canción de ternura.
El Padre sol
llega a tus manos
y una ráfaga de celajes
caen al fondo del universo.
Me acaricia tu ternura,
tu mirada llena de cariño
tus sentimientos, tu amor,
la dulzura de tu mirada
y haces que mi corazón
cante con una voz de niño.
Madre mía, dame la fuerza
que necesito para vivir,
escribir en las noches
mientras la luna ilumina
tu mirada que rejuvenece.
LOA A LA MADRE
Escribe: Fernando Chuquipiunta Machaca
Madre querida:
al volver de los caminos
traerte la alborada,
una estrella luminosa
te he traído mis huayños
y la voz de un ruiseñor.
Los jilgueros del campo
tienen en las alas tiernas
las mágicas partituras
que los pastores hilvanan
en las abras y riscos.
Es el poema melodioso
de una estrella rutilante
que regresa para no volver.
Los leque-leques tampoco
han vuelto desde el invierno.
Tus amorosos ojos llenos
de crepúsculos lacustres
y brisas matutinas,
hacen crecer las semillas
las espigas del trigo maduran
y en mi voz hay un niño que canta.
ELEGÍA MATERNAL
Escribe: Fernando Chuquipiunta Machaca
¡Madre mía!
Hay días amargos
que aparecen en mi andar terrenal
y abismos que limitan
mi joven existencia mortal.
En las arterias y mi corazón
hay un manojo de rosas marchitas.
Por eso, beso tus manos
para salvarme de la agonía
que no merezco.
Desde mi peñasco levanto mi copa
y le pido que diga junto conmigo:
¡Bendita seas madre querida!
Perdóname por no saber decir
todo cuanto quiere decir mi corazón.