“La Virgen de Chapi subió al altar y el cielo nublado se despejó y salió un sol esplendoroso”, recuerda Jaime Herrera, uno de los 200 niños y adolescentes que el 2 de febrero de 1985 recibió al papa San Juan Pablo II con emotivo canto y celebraron a la “Mamita” de Chapi durante su coronación y consagración como patrona de Arequipa.
Tras 41 años de aquel magno evento recordamos esta histórica ceremonia, contada por sus mismos testigos, hecho que colocó a la Ciudad Blanca ante los ojos del mundo y la santa imagen fue proclamada “madre, reina y señora de Arequipa”.
“Dijeron que el papa Juan Pablo II va a venir a Arequipa y yo le dije al arzobispo: ‘monseñor, si el papa llega va a coronar a la Virgen de Chapi’. ¿Ah sí, usted cree?, me dijo; ‘No se preocupe, de eso me encargo yo, le respondí” recuerda, el organizador, promotor y maestro de ceremonias de la coronación de la mamita, el padre Alberto Clavell quien contó a Diario Viral sus cálidos recuerdos.
PEDIDO. El sacerdote de 85 años del Opus Dei, natal de Barcelona (España) pero con 61 años en el Perú, relataba cómo el papa había confirmado su llegada a la Ciudad Blanca para la beatificación de Sor Ana de los Ángeles. Enterado de ello, y guiado por el profundo amor a la Virgencita de Chapi, inició a gestionar para que el sumo pontífice, hoy santo, también coronara a la patrona de Arequipa. Es así que, junto a don Jaime Herrera y otras 4 personas, trabajaron en mejorar todo lo relacionado a la santa imagen, a la vez que el padre Clavell recopilaba en un estudio sobre su devoción, santuario, peregrinaciones, entre otros.
Con el informe en mano, a través del Arzobispado y la Conferencia Episcopal Peruana fue enviado y aceptado por Roma. Así iniciaron todos los preparativos para esta histórica ceremonia: desde el recibimiento al santo padre, la liturgia de coronación en el “campo papal” (actual estadio de la UNSA), hasta la corona, vestimenta de la “Mamita” y el escudo de Chapi, creado en ese entonces, los cuales quedarían plasmados para la historia.
CAMBIO. Don Jaime Herrera, en ese entonces a sus 17 años, cuenta que no solo tuvo la gracia de participar en el coro, sino también de vestir y preparar a la “Mamita” para su coronación. Un día antes, 1 de febrero, a la medianoche, junto a su tía, Eva Valencia, fiel feligresa por años, llegaron a la capilla de la base aérea de la FAP (al lado del antiguo aeropuerto) donde se hallaba desde hace 3 a 4 días antes, para poder alistarla.
“Fuimos a la medianoche a cambiarla, llevando el traje y las joyas, cuando ya estaba lista me regresé a mi casa porque tenía que estar en el ‘campo papal’ las 6:00 con el coro”, remarcó don Jaime.
CORONACIÓN. Orgulloso de haber podido presenciar toda la ceremonia, don Jaime, recuerda la cantidad de gente que hubo y lo emocionante que fue cuando la “mamita” aterrizó en el “campo papal”, cómo ingresó en un anda cargada por exalumnos de La Salle, mientras los fieles que llevaban su retrato la adoraban: “Ese día amaneció nublado, y lamentaron que el papa no pudiese ver Arequipa con sol, sin embargo, cuando la virgen entró y la subieron al altar, se abrió un sol esplendoroso”, enfatizó.
El padre Alberto Clavell no solo planificó y organizó la ceremonia para la mamita, fue el maestro de ceremonias de la coronación y acompañó al papa a coronar a la Virgen de Chapi: “Como él no acertaba la corona en la cabeza de la mamita, yo me acerqué y prácticamente la coronamos juntos, fue muy bonito”, reveló.
Asimismo, el sacerdote relató que el sumo pontífice llegó enfermo a la ciudad, por lo que debieron de recortar, junto al maestro venido de Roma, la ceremonia que duró alrededor de dos horas y que contó con todos los obispos del Perú: “A mí me llegó un papel indicando: “Acorten la ceremonia porque el papa no está bien, esta con 38.2 de fiebre” (…) Pese a ello, su carita era como el de un niño feliz mientras la coronaba”, expresó.
BENDICIÓN FAMILIAR. En medio de la ceremonia, una mujer fue bendecida por el propio papa quien le acaricio el rostro y tocó las manos. Se trataba de Eva Valencia, tía de don Jaime Herrera. Debido a sus años de servicio a la “Mamita” desde que tenía 12 años, el arzobispo de Arequipa, Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, la eligió para que entregara a San Juan Pablo II, a nombre del santuario, un copón de plata que en la parte inferior llevaba grabado el escudo de Chapi y del papa.
“Mi tía bajó emocionada y feliz ya que él le obsequió un rosario; y “¿qué le has dicho?”, le pregunté. ‘Solo le dije santo padre gracias por venir y bendiga a mi familia’, me dijo”, recuerda don Jaime. Posterior a ello, y a sus 87 años, doña Eva terminó falleciendo, en 2011, tras luchar contra el tumor de páncreas. Pese al dolor, descansó con mucha paz, un premio que le fue dado por la mamita.
Este obsequio, de acuerdo a don Jaime, también era entregado en uno de los tantos viajes del sumo pontífice a iglesias pobres y que recién se formaban, además habría sido dado en África. Incluso tras la coronación, el papa siempre pedía que rezaran por él a la Virgen de Chapi y que se acordaba mucho de ella porque le había sonreído cuando la coronaba. “En las fotos de la coronación, el papa no mira a la corona, sino al rostro de la virgen”, remarcó don Jaime.
En su relato asegura: “Al papa le gustó mucho la ceremonia, preparamos un coro espectacular, fue una fiesta musical sencilla y bonita, al final el papa nos felicitó: ‘Os doy gracias por los cantos tan bonitos que he escuchado’”, recordó orgulloso.
Finalmente, el sumo pontífice se retiró del “campo papal” y almorzó en la casa del arzobispo. Posteriormente se dirigió al aeropuerto, donde fue despedido por niños del coro y feligreses: “Fue muy emocionante, tengo fotos y cuando las veo me emociono. Para mí ha sido todo eso un regalo del cielo, es uno de los momentos más importantes de mi vida”
VESTIDO Y MANTO. Don Jaime Herrera recuerda que la vestimenta que llevó la Mamita de Chapi, cuya imagen mide 1.30 a 1.35 centímetros (sin corona), hace 41 años, constaba de una manta de terciopelo granate (de 3 metros de largo de lado a lado y 4 metros con cola) y un vestido de terciopelo crema que llevaba adelante el escudo del santuario. El diseño y la tela, traída desde Bolivia y donada por una familia, fue entregado por el padre Clavell a las monjas del convento de Santa Catalina, que en ese entonces era regido por madres españolas. Ellas, con profunda devoción, incluyeron bordados a mano.
Asimismo, cuenta que, en la elaboración de la vestimenta de la patrona de Arequipa, se sumaron fieles, de una fe profunda, quienes donaron joyas para completar y embellecer su traje en agradecimiento con los favores de la mamita. Entre estas familias se hallaban los Vizcarra Álvarez, quienes, tras recibir una gracia al padecer un mal, llamaron al padre Clavell para entregar todas las joyas de la familia, incluso las de su propia boda: “Padre, esto es para la virgen”.
“En la cintura de la mamita le pusimos un rosario hecho con un collar de los que la virgen tenía para que el papa se lo lleve y él le dejó un rosario en oro y perla, en un estuche marrón”, reveló don Jaime.
CORONA. Otro de los detalles más representativos y trascendentales de la ceremonia fue la corona de la Virgen. Debido al poco tiempo que quedaba, el padre Alberto Clavell consiguió en Lima, en un anticuario del Opus Dei, una corona de plata colonial. Posteriormente, la trajo a Arequipa para llevarla a un joyero, Carlos Ibarra, quien la enchapó en oro y le adicionó piedras preciosas: zafiros, rubíes, entre otros, mismos que fueron incluidos en la corona del niño Jesús.
Han pasado 41 años desde que nuestra “Mamita” fue coronada por un santo y el recuerdo sigue tan vivo como aquella vez. Los arequipeños tienen en su mente y corazón cada detalle y sonríen al sentir que siempre estarán protegidos por la Virgen de Chapi, patrona de Arequipa.