El líder de Kim Jong-un aseguró que su país podría mejorar la relación con Estados Unidos, siempre que Washington respete el estatus nuclear de Pyongyang y abandone lo que calificó como una política hostil. Sin embargo, dejó claro que no contempla un acercamiento con Corea del Sur, a la que describió como el adversario “más hostil”.
Las declaraciones se dieron al cierre de un congreso del Partido de los Trabajadores de Corea, evento clave en el que se definen las líneas políticas y estratégicas del régimen. En ese escenario, Kim reiteró que el reconocimiento de Corea del Norte como potencia nuclear es una condición innegociable para cualquier diálogo con Washington.
El pronunciamiento ocurre en medio de versiones sobre un posible encuentro con el presidente estadounidense Donald Trump, quien recientemente manifestó estar dispuesto a reunirse con el líder norcoreano. Incluso, Trump reconoció públicamente que Corea del Norte posee capacidad nuclear, un gesto que marcó distancia frente a posturas tradicionales de la diplomacia estadounidense.
En contraste, Kim descartó cualquier avance con Seúl y sostuvo que no existe “ningún asunto” pendiente con el gobierno surcoreano. La tensión bilateral se ha profundizado desde que Pyongyang modificó su Constitución en 2024 para definir formalmente a Corea del Sur como un “Estado hostil”.
El congreso partidario culminó con un desfile militar en Pyongyang, una exhibición que históricamente ha servido para mostrar el desarrollo armamentístico del país. Analistas internacionales sostienen que el acercamiento de Corea del Norte con Rusia y China, evidenciado en recientes actos oficiales, refuerza la posición negociadora de Kim frente a Washington y reduce la presión de las sanciones.